- Termine con Jacques después de tres años de relación, no se quería aún casar conmigo. ¿Cuánto tiempo más tenía que esperar a que se decidiera, seis años?
Así comenzó el almuerzo con Cata, la siempre churra y de cuerpo tonificado (si si, está buena), pero esta vez a sus grandes ojos cafés se les notaba el exceso de llanto de los últimos días.
Jacques es un joven que bordea los treinta años, bien plantado, carro importado y con la posibilidad de gastar a sus anchas, comer en cualquier restaurante en la zona G en Bogotá, llevarse a Catalina un fin de semana a Cartagena y de vacaciones a Nueva York. (-Phuket en dos años mi amor, le decía cuando hacian planes juntos).
Su posición laboral es buena pero riesgosa, cualquier error manejando los millones de los demás le costaría su puesto, un recorte de personal también lo podría marginar de su cargo como ejecutivo de cuenta; nada parecido a lo que vivió su padre, quien llegó a subgerente de la filial de una multinacional y gracias a eso cual hoy disfruta de una jugosa pensión tras 22 años de trabajo contínuo.
Catica no se queda atrás, si bien no gana el mismo sueldo de su ex por que trabaja en el sector público y no se puede dar los mismos lujos (aunque su vanidad no se centra en poseer), es independiente económicamente; el nivel académico alcanzado con los posgrados que ha hecho, incluyendo uno fuera del país, hacen que haya acumulado el suficiente “capital humano” para aportar a la sociedad y sentirse orgullosa de ello.
Si se tiene en cuenta que vivieron un año juntos en Londres, donde cada uno hizo una maestría, lo que ella quería entonces era dar el paso que parece obvio: “anillar” a Jacques; de alguna forma se sentía lista para asumir el reto de conformar su propia familia, pero más que preparada era algo que creía necesitar.
- "No entiendo cuál es el problema, los hijos podrían esperar, sólo quiero que la relación pase al nivel más lógico”, me seguía diciendo
Casualmente me encontré a Jacques en Pravda departiendo con un grupo de sus amigos, el hombre ya tenía un par de dry martinis encima y al hablar de su situación sentimental me dijo –“hombre, usted sabe que yo la adoro, pero simplemente estoy asustado, yo no quiero casarme aún, quiero seguir disfrutando de la forma en que vivo actualmente. Cuando Cata me preguntó por qué no nos casábamos simplemente me dio pavor y le dije que si fuera un irresponsable aceptaría y seguro duraríamos como marido y mujer algo más de seis meses; ahora soy mas consciente, le pedí que me tuviera paciencia”.
- “¿Qué tal el güevón?” me preguntó Catalina, ya con los ojos llorosos.