9.10.05

Servicio Estadístico

Por Andrés

La canción va para los rumberos


Lo que más me llama la atención sobre los lectores de este blog es la incertidumbre del motivo de sus visitas. Revisar el servicio estadístico ha sido uno de mis mayores pasatiempos desde que empezamos con este experimento. Llevamos varios meses y hasta el momento un grán total de 734 visitas nos permite decir que: la libertad de expresión, sobre todo en materia de opinión, cumple la ley de oferta y demanda.

En los libros hallarás...
En los blogs se encuentra de todo, desde periodistas y escritores publicando lo que se les pasa por la cabeza cualquier día por la tarde, hasta grupos de personas criticando a otros o defendiéndose de lo que creen que los arremete. Y estamos nosotros, los que escribimos sin saber exactamente por que. ¿Narcisismo? De pronto, de pronto necesidad de crear vínculos en formas cambiantes, de pronto para perder el tiempo en otra cosa diferente a la televisión. Yo creo que yo escribo por todas las anteriores y más.

Y yo que he encontrado…
Una noche encontré el detonante, el factor que me hizo pensar “yo también quiero”. Esta niña tiene 17 años, acaba de terminar el colegio y entrará a la universidad en unos 15 días. Vive el Lille, escucha buena música y tiene fotos que me he permitido usar en el Messenger. Escribe corto, para nadie, pero le dedica millones de horas a lo que hace con el blog, a tomar fotos en los conciertos que le gustan, a escribir y a suscribirse en los sitios de fans que le interesan. Es apasionada con lo que le interesa y eso, es lo que yo quiero en mi vida, más pasión.
Pasión ante todo, sobre cualquier tema, pasión egocéntrica con mucho talento como Amarilla (A ella la encontré antenoche). Me permito decir que tiene mucho talento por que a mi me gusta, no por que sea un Jóse Gaviria o una Marbel tipo factor X para bloggers.

¿Y para que seguimos?
Aproximadamente 260 días con este blog, el primero y el único. Es mucho el tiempo transcurrido y muchas las horas pensando en él. Pocos comentarios, pocas visitas. A veces hay que parar y pensar para qué. Pero la respuesta para mí viene rápida y certera: si no sabe por que empezó, si no le hace daño, si todavía no se ha cansado, déle un poco más de tiempo. Mire que lo que ha encontrado vale la pena, así sea poco. Esperemos a que el fin se revele solo, o que me canse y lo olvide.

Volviendo a la libertad de expresión…
No tengo ni idea de cuantos blogs hay hasta el momento. Para darme una idea encontré que en Blogscolombia hay 978 registrados. En Blogcount se encuentran datos interesantes, uno de lo que me llamó la atención es que, aproximadamente solo el 20% de las personas que tienen blogs los han actualizado en la última semana, sobre la base de un servidor con 6 millones de usuarios. Ni idea el total, pero podria decir que son más de 19 millones de usuarios. Y eso solo son blogs. No sé cuanta información hay disponible, no encontré una cifra concreta, pero me basaré en ese número para concluir. Somos el 0,000005% de la opinión del mundo. Nótese la cantidad de ceros. Esa es la probabilidad de que alguno de los usuarios de otros blogs nos visiten. Y para ser más realistas, de los 978 usuarios de blogscolombia solo lo hace frecuentemente uno. No hay peligro, la opinión, aunque la publiquemos, es casi que para nosotros mismos.

6.10.05

¿Quien hace un blog? ¿Quién lee este?

Por Jorge

Era uno de esos temas que quería tratar desde que comenzó para nosotros este experimento. ¿Cuál es el interés de escribir sobre la vida personal y que cualquiera tenga acceso a esta información? ¿Quién estaría interesado en leer este tipo de cosas que ni siquiera están bien escritas? ¿Qué personalidad puede llegar a tener un blogger? ¿No estará muy desocupado aquella persona que llega casi por azar a esta página que básicamente la leen los amigos, quienes incluso han participado con nosotros en las aventuras que se cuentan y son los únicos que comentan?

Se me adelantó el ahora célebre Santiago Gamboa en dos columnas en la revista Cambio* en la cual habla en un principio despectivamente de los bloggers: “Sería interesante estudiar la psicología de quienes crean blogs, pues sospecho que en muchos casos se trata de seres con el deseo voyeurista de analizarse, fascinados por el espectáculo cotidiano de sus vidas, o de sus ideas u obsesiones, dejando ver una pizca de megalomanía disfrazada de amor al debate, un ego hipertrófico escondido tras conceptos como la alegría de compartir o lo hermoso que es interactuar sanamente con los demás, ¡oh, los demás!, esa entelequia en nombre de la cual todo se justifica.”

Sobre el contenido de los blogs anota el escritor colombiano que allí se encuentran “(…)palabras escritas que, pretendiendo ser conceptos o ideas, sólo demuestran la idiotez más pura, cumbres de imbecilidad dignas de los Premios Darwin (que recogen y clasifican la estupidez humana), cuando no se reducen a meros asertos racistas, xenófobos, patrioteros, a insultos y humillaciones contra individuos o comunidades, instigaciones al odio o la violencia, y un largo etcétera que incluye las pulsiones más negativas del ser humano.”

Prosigue luego con unos ejemplos de cómo en ciertas páginas se encuentra el maltrato al idioma, a las comunidades y el que motores de búsqueda lo puedan llevar a uno a estas páginas, cuando se incluyen criterios de búsqueda incluidos dentro de los blogs.

En su Episodio II intenta enmendar la generalización de estos diarios como foco de insultos y de que algunos bloggers le habían criticado y recomendado unos mejores. Pero el tema trasciende en la columna a uno más profundo “¿Hasta dónde llega, realmente, la libertad de expresión? O dicho de un modo distinto: ¿Toda opinión, por el hecho de serlo, merece ser escuchada por los demás, tomada en cuenta, divulgada? Tal vez escuchada sí, y por supuesto tomada en cuenta. Pero la posibilidad de divulgar una opinión a través de un medio público es algo que se debe ganar con el tiempo y el trabajo, una dignidad (por llamarla de algún modo) que se adquiere por méritos, a través de valores humanísticos, intelectuales o políticos, y no por el mero hecho de existir y pensar.”
Tras reconocer que son un punto de partida para la democratización de la prensa se cuestiona nuevamente sobre la personalidad de los bloggers: “¿Qué puede llevarlo a uno a comentar abiertamente su vida íntima, sus ideas y ocurrencias? ¿Será que detrás hay el deseo de establecer relaciones que, con el tiempo, se volverán directas, con apretones de mano reales? ¿O lo harán seres solitarios en busca de su media naranja?”. Por último diferencia el trabajo de un escritor y el de un blogger en que la producción literaria implica la creación de arte y en una biena parte de los casos busca hacer un relato de ficción.
¿Estamos realmente solos?
Pues precisamente todos estos interrogantes me han asaltado desde el comienzo de Charlas, ya que el hecho de comentar pensamientos, opiniones y vivencias personales no es por pensar que de una u otra forma tengo derecho a hacerlo y que además no pretendo ofender a nadie, sino que ha tenido como objetivo que el conjunto de amigos y otros vínculos, tengan la posibilidad de comentarlos públicamente.
Claro, podría escribir un correo electrónico y enviárselo a todos mis contactos, pero la idea es que revisen con alguna frecuencia el contenido y si quieren lo comenten para sentirse como un medio habitual de consulta y un medio de fortalecimiento de lazos, no necesariamente de creación de nuevos, ya que creo que conozco al 90% de los que han dejado alguna vez un comentario y no pretendo que el sitio sea el más visitado de Internet.
Una de las mayores felicidades que me ha producido escribir fue en uno de los post anteriores (“Así no me caso”), que varios amigos comentaron, por que estuvieron en el momento que describo, se sintieron afectados y me hicieron el reclamo sobre la situación.
Aun así tengo poco control sobre las personas que pueden llegar al blog, con las que seguramente pretendo generar algún tipo de identificación. Según el servicio estadístico al que estamos inscritos, a este blog han accedido personas que han realizado una búsqueda en yahoo con las palabras “mujeres bailando regueton video” o en google “chicas prepago Girardot”, lo cual deja mucho que desear de estas herramientas de búsqueda y claro de nuestro reggaetoneros lectores, como lo consigna Gamboa en sus columnas.
Este blog no es ni el más concurrido, ni el más comentado, de hecho escribo el día en que ha recibido el mayor número de visitas, tan sólo 30, pero para mi desde que lo lean los amigos y familiares, se rían y si quieren lo comenten, pues estará bien.

*“Blogs, insultos y gente común” , en http://www.cambio.com.co/html/columnistas/santiago_gamboa/articulos/3928/ y “Blogs: Episodio II”, en http://www.cambio.com.co/html/columnistas/santiago_gamboa/articulos/3977/

Musica en Vivo

Por Andrés
Nuevo servicio de Charlas: Ahora puede escuchar una canción mientras lee el post del compadre River sobre el baloto, la riqueza, el trabajo, la oficina y la locura colectiva. Un abrazo

4.10.05

JUEGUE BALOTO...PERO EN GRUPO

Por Jorge
La posibilidad de ganar veintiocho mil millones de pesos (escribo la cantidad en letras, porque en números se ve vulgar), está dada por medio del baloto, juego en el cual se escogen seis números entre cuarenta y cinco, que se marcan en un cartón y en la noche de cada tercer día, se sortean los ganadores. El mayor se entrega a quien acierte los números de las balotas sorteadas en su cartón y se entregan premios, realmente insignificantes, a quien acierte entre tres y cinco números.

Ante esta escandalosa cifra en muchas partes se comenta qué se haría con esa cantidad de dinero, a lo que buena parte de las personas que se encuentran dentro de mis vínculos responden que lo primero que harían es una fiesta, lo cual no me sorprende si se tiene en cuenta que cualquier excusa es buena para “levantar el codo”, pero claro esta no es cualquier excusa son $28.000.000.000 (se dan cuenta de que se ve horrible?). Lo siguiente que realizarían ya varía en cada uno y sus necesidades, pero básicamente, pagar deudas a los acreedores que moleste y los demás que esperen, comprar casa y carro, pasearse el mundo y compartir parte del premio, se contemplan dentro de las ideas para gastar la plata.
La transmisión del meme

En la oficina donde hice mi pasantía, la persona con la mayor capacidad e inventiva en los negocios, un ex agente inmobiliario, cuyo salario por el trabajo que hace en la empresa le representa sólo parte de sus ingresos, los cuales se complementan con los de otras inversiones; razón por la cual está pendiente de la cotización del dólar, de las subastas de predios e inmuebles, de los intereses que ofrece la inversión en fondos, entre otros.

Pues bien, este personaje envió a través del correo interno, que funciona gracias a la tecnología del programa Microsoft Outlook, el siguiente mensaje:

“Tenemos la genial idea de comprar el baloto entre todas las personas de la oficina que quieran, el premio que como todos saben es para el miércoles la no despreciable suma de $28.000.000.000 millones de pesos, que podrían quedar en manos de los queridísimos empleados de (...), la idea es que cada uno hace el aporte que quiera a partir de $4.000 pesos que es lo que cuesta un billete y debe realizarse proporcionalmente en billetes, es decir cada uno aporta 1 o 2 o 3 o 4 billetes. Si alguien quiere menos se une con otro y aportan la cuota. Quien este interesado me puede contestar diciendo cual seria su contribución y en su mensaje de respuesta escoge los 6 números que quiere jugar (del 1 al 45) o pone automático si así lo quiere, la bolsa de premios se repartirá porcentualmente con el aporte de cada uno para que sea justo, los invito a unirnos porque dice la Biblia que los que oran unidos serán escuchados, y siempre entre todos nosotros nos echamos una rezadita que de pronto nos favorece el divino.
Ánimo, no se quede por fuera no sea que todos sus compañeros sean ricos y a usted le toque seguir viniendo sólo a trabajar, por que yo por acá no vuelvo.”

Ante este llamado a la cooperación, el fortalecimiento del capital social y la confianza, y de imploración divina, este compañero, que además es mi vecino de cubículo, empezó a recibir mensajes de elogio a su idea y se avivó la posibilidad de que juntos se nos arreglara la vida de un día para otro a través de un juego de azar, permitió fantasear a los miembros de la organización qué harían con la porción del mayor que les correspondería en caso de ganar.

Las personas del trabajo se acercaron masivamente para escoger sus números y entregar su cuota, para que en las horas de la tarde él se fuera a comprar sus cartones. Que ‘automático’, que ‘yo compro dos’, que ‘si yo acierto los números de las balotas me tienen que dar más plata que a los demás’, todos, desde la gerente hasta el personal administrativo participaron comprando uno o más cartones y yo no podía ser la excepción.

Mi inclusión en la red.

Ante tal euforia, no me podía quedar por fuera, aunque sabía que así jugáramos con 100 cartones y rezáramos un rosario por cada uno, la posibilidad de ganar el premio mayor era muy pequeña; pero del entusiasmo hubiera pasado a la rabia de ver al día siguiente una oficina desierta con un aviso en la puerta que dijera: “Hoy no se prestará atención al público, mañana tampoco”.

Aunque, francamente, con el promotor de este joint-venture a la criolla, no existía una relación que permitiera pasar del saludo, a pesar de trabajar para la misma empresa en cubículos vecinos, por lo que no me interesé inicialmente, ni creí que la idea fuera seguida por tanta gente; no obstante se acercó y dijo “ya sabe lo del baloto, no?”, y como quien no sabía la cosa, siendo que había visto varios de los empleados haciendo su apuesta, le dije “ahí más o menos he odio algo, cómo es que es la vaina?”. Luego de hablar un rato con el señor, incentivado por una envidia cooperativa, adquirí un cartón por la duda de una eventual ganancia, me dejé llevar por la idea facilista de no tener que trabajar en mucho tiempo y tener mucho dinero, aunque menos que el mayor, puesto que con el número de cartones que se iban a comprar, el premio por persona, si acertábamos los números de las seis balotas, estaba reducido como a quinientos millones de pesos.

…Con seis aciertos gana el mayor…
Tal y como esperaba no ganamos, pero lo que yo pensé que iba a ser una experiencia que no se iba a repetir, fue aun más promocionada, ya que el acumulado ofrecía un premio más grande. “En la anterior ocasión hubo menos concentración para escoger los números” o “no le pusimos fuerza”, pero “esta vez si no lo vamos a ganar”, me dijeron algunos.

Al día siguiente el pensamiento absurdo de ganar esta gran cantidad se encontraba en cabeza de muchos, la mayoría personas con educación superior, pero que en esta oportunidad iban a ‘intervenir’ el azar con números ‘pensados’ (¿?) o que anteriormente les habían traído suerte, como la fecha del cumpleaños, la placa de la casa o del carro, etc.; algunos lanzaron dados para determinar los números a marcar en esta ocasión; el economista incluso generó un modelo basado en una distribución de probabilidad normal estándar, que permite analizar estadísticamente los resultados anteriores y generar los futuros. Esta vez no caí en la trampa, el sentimiento de envidia que me causaría una potencial ganancia fue superado por mi realidad de pasante: si compraba el baloto no almorzaba.

De nuevo volvieron a perder y creo que volverán a jugar, pero lo que realmente sorprende es que a estas personas, que en su mayoría creen en el trabajo como una fórmula del éxito y que como funcionarios públicos están colaborando a la formación de un país mejor, exaltan lo que es más fácil mediante una reacción inconsciente, apostando en este juego en el que el riesgo es perder cuatro mil pesos. Esto sólo es un reflejo de lo que ocurre en nuestra colectividad.

Una conclusión ñoña
Este imaginario nos impide superar la barrera cultural de que se es más por tener más, hace que, por ejemplo otras personas arriesguen hasta su propia libertad al cometer actos ilícitos que los lucran, pero que corroen las redes cooperativas de la sociedad, que son las que generan confianza en las instituciones y crean una cooperación perversa dentro de las mismas.

26.9.05

Equidad

por Andrés
Mi rutina de transporte urbano es muy reducida, son 3 minutos en una estación, 3 es un articulado, 5 en el portal y 5 en un alimentador. Quince minutos en total, nada extraordinario. Además la estación de Toberín ni el portal del Norte son lo suficientemente utilizados como para que los problemas sean pan de cada día. Sin embargo, tengo la posibilidad de ver las filas a los alimentadores, eso es en pocas palabras, ver como viven el transporte público los usuarios con menos recursos, los más favorecidos con TM

Revisando el portal del sistema encontré que la flota de alimentadores está compuesta por 362 buses, algo como el 37% del total. En la semana del 14 de agosto se alimentaron 3.1 millones de personas; en promedio, esa semana en cada uno de los buses en y cada uno de los recorridos iban 23 pasajeros. No suena tan mal, si no se tiene en cuenta que normalmente un bus en la hora pico puede llevar hasta 4 veces el valor promedio de pasajeros transportados en un día. Y no es de chiste, un tipo de 25 años agarrando a su hijo de 5 en un bus con 90 personas, desesperado y cansado, después de sentirse explotado en una jornada laboral de 14 horas. Con ese tipo, yo prefiero no meterme. En total, son como medio millón de personas al día que suben y bajan de estos buses que recorren 778 barrios. La mayoría de ellos de bajos recursos, trabajadores hasta la muerte, con familias de más de 4 miembros.

Lo mejor del caso es que, si uno se fija atentamente a la actitud de estos usuarios, se dará cuenta que incluso estas condiciones son un alivio para lo que tenían que soportar antes. Y bueno, uno se sube a un expreso 70 o 60 a las 6 de la mañana, se estruja, le cogen la cola y por mucho que se demore, son 30 minutos. No puede esperar mas, teniendo en cuenta que sistemas como el metro de Londres, que tiene una población similar a la de Bogotá transporta 2.9 veces el número de pasajeros de TM a la semana.

Ahora, cuando vayan a un portal, les recomiendo que se pasen por los andenes de los alimentadores y se fijen. Esos son los verdaderos beneficiarios del sistema, por ellos estamos pagando $ 1.200, por ellos nos estrujamos nos vamos de pie, en lugar de tener una silla siempre disponible (solo he visto ese fenómeno en el metro de Ámsterdam, donde en hora pico usted se puede subir al Tram con su bicicleta sin enterrarle el manubrio a nadie). La economía según el diccionario es “Ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos”. Que quede claro que, todos los bienes son escasos, lo que me permite decir que teniendo en cuenta lo que ofrecemos, TM es suficientemente bueno, al menos por los próximos 5 años.

18.9.05

Transmilenio día a día

Por Jorge
En busca de un orden determinista en la ciudad, se ofrece a los ciudadanos mayor “calidad de vida” y la posibilidad de ser más productivos, a través del sistema de transporte masivo “Transmilenio”, que agrupa en corrales, llamados estaciones, a las personas que subían y bajaban anteriormente de los buses a lo largo de calles y andenes sin orden alguno.
El sistema, al ordenar el transporte urbano, reduce el tiempo de desplazamiento y evita en parte los accidentes con otro tipo de vehículos, puesto que dispone de un carril exclusivo por el cual transitar.

miércoles 11. 5.45 pm
Luego de una jornada laboral me dispongo a ir a mi casa, abordo el sistema, en uno de los buses que la empresa denomina corrientes, es decir, paran en cada una de las estaciones hasta el final del recorrido. Casi nunca los abordo porque son muy lentos y es desesperante que paren tantas veces.

Uno de mis mejores amigos estaba dentro del bus e iba con otra amiga a la casa de él a ver una película o por lo menos eso dijeron. Hasta ahí nada raro. La sorpresa está en que varias estaciones después se sube otro amigo nuestro, del que estábamos hablando, la sincronía nuestra dio no solo para que nos montáramos en el mismo tipo de bus, el “mochilero”, sino que además, nos subimos por la misma puerta y fuimos a para a la parte central del bus que parece un acordeón y que articula un “vagón” con otro. (Sólo faltaba que Amelie subiera a nuestro bus con la mano metida en una bolsa llena de lentejas.)
Ante tanta coincidencia nos fuimos a tomar cerveza.....

Viernes 13. 6.40 am.
Me encuentro en la estación más cercana a mi casa, a 150 cuadras de la universidad en la que estudio, voy tarde como es obvio, calculo que a las 7.20 a.m estaré en el salón de clases. Me subo al bus que al Transmilenio que cubre la ruta 50, tras avanzar 6 cuadras el bus se detiene, miro al frente y el bus inmediatamente adelante también se había detenido.
6.48 am. Los buses siguen quietos, de repente, la noticia de que en la calle 134 con Autopista Norte, a dos cuadras de donde me encontraba se había estrellado con un taxi!!!
Los buses dieron reversa, entre tanto los que venían del norte, se desviaban a la calzada central de la autopista norte.
6.53 am. Por fin el bus se había podido desviar y ahora se disponía a recoger a los pasajeros del bus estrellado, a pesar de la demora, creí que esto si iba a estar bueno, porque cómo carajos se iban a subir?

Pues lo hicieron por las puertas en los extremos delantero y trasero, dispuestas al lado opuesto a las que uno entra en la estación, las cuales cuentan con unas escaleras que facilitan la entrada.

Tuve que ver como se viola una ley física que dice que para que un objeto tenga la capacidad de contener algo debe estar vacío, ya que al articulado se metieron por lo menos 50 personas más, con lo cual no solo iba a llegar tarde, sino que más incomodo que nunca.

Lunes 16. 8.35 am.
Esta vez voy sin afanes, no tengo que llegar a clase de 7, me encuentro dentro de uno de los grandes vehículos rojos del sistema, que se detiene en la estación de la calle 80, se abren simultáneamente las puertas del bus y la estación y la gente empezó a bajarse y subirse (a no ser que coloquen una barrera física, no vamos a poder superar que la gente quiera subirse al bus sin dejar que los que llegan a su destino se bajen), entre estos una mujer como de 1,72, como de unos 35 años, no muy atractiva, va a bajarse y le pega un calvazo al tipo que está justo al lado mío y le dice: -“Imbécil, a cogerle el rabo a otra”.

A lo que el señor de unos 25 años, como de 1,67 de estatura, responde:
-“Vieja loca, qué le pasa?”.

Lo curioso es que ni la señora tenía cara de ser de reacciones impulsivas o violentas, ni el tipo tenía pinta de depravado, manilargo o manoseador. De pronto le pegaron sin haber hecho nada. Lo peor acá fue que me tocó aguantarme la risa, de pura vergüenza al ver a alguien como mi tía (o la suya), le pegaba a otro, sin poder tener una reacción similar y quedando en ridículo ante tanta gente. (Si, es que el mal ajeno, así en porciones pequeñitas, es de rechupete!!!).

El intento de la Administración Distrital por hacer un orden en el transporte público se queda corto, porque quienes utilizamos estos buses somos indeterminados, tenemos comportamientos aleatorios e incluso, si todos los días encontráramos a la misma gente, podríamos observar reacciones y conductas diferentes ante los mismos hechos, es precisamente por esto y no porque nos demoremos menos de la casa al trabajo o a la universidad, que éste es un sistema de vida.

14.9.05

Así no me caso

Por Jorge
Tras ver la obra de teatro Alladeen (si, así se escribe, si no me creen visiten www.alladeen.com), en una de las jornadas del Festival Iberoamericano en el Teatro Nacional de la Castellana, pues se tenía que dar paso a la tertulia, ojalá acompañada por una cerveza. La puesta en escena aprovecha una gran cantidad de recursos técnicos en luces, audio y video y no contiene una historia lineal y si más bien el “drama” que representa la globalización en las personas y la adaptación de los mercados.

-Entonces qué? una cervecita?, preguntó un amigo
-De una, dónde no la tomamos por acá cerquita?, preguntó otro
-Nosotros nos tenemos, que ir?- Dijo la hermana de una amiga

El esposo la miró y con tono suplicante le dijo:
- Pero si es sólo una cerveza.
- Si, pero es que yo tengo que madrugar mañana y a usted como no le toca secarse el pelo.

Seguramente el tipo no tenía la intención de tomarse un petaco y luego llegar a cascarle a la mujer, NO, cuando el tipo decía una cerveza era eso y nada más. La posibilidad de tener un esparcimiento mayor, de compartir con más gente se le estaba truncando…y no en un tono muy bonito.

- Pero queeee, es una cervecita y ya, donde habrá un lugar por acá? –insistió mi amigo
- Por acá no hay –respondió la egoísta esposa
- Y tu cómo sabes? - intervino el abnegado marido?
- Pues por que yo colaboré en la elaboración del Plan Parcial de la zona y acá está prohibido…

(Silencio como por 15 segundos)

Para evitar más problemas el tipo decidió coger un taxi e irse con la señora, pero creo que hubiera existido una solución mejor: montarla en el taxi a ella sola. Pues si!!!, semejante conocedora de la ciudad se puede defender solita mientras el marido se desestresa.

Claro, todos dirán, usted no es capaz, cuando se case va estar maniatado y hasta peor que ese pobre tipo, pero me pregunto: el tipo no tenía derecho a su cerveza tanto como ella a descansar? Por qué el tonito fue lo que prevaleció y no los argumentos? Si va ser para que me griten, pues yo así no me caso.

p.d Resultó que la señora y yo trabajábamos en el mismo edificio, y el concepto ella cambió después que casualmente me la encontré en un acto noble: donar sangre.